Ambiente

Artemis II y la contaminación ambiental

La misión Artemis II orbitó la Luna medio siglo después de la última pisada humana en su superficie. ¿Cuánto le cuesta al planeta esta hazaña y cuáles son sus beneficios? ¿Las prioridades del programa Artemis están o no en sintonía con las necesidades reales del planeta Tierra?

Los esfuerzos de la NASA por reducir la huella ambiental de esta misión están presentes, especialmente en el uso del hidrógeno líquido como combustible principal. Este tipo de combustible, al reaccionar con oxígeno líquido, produce principalmente vapor de agua. No obstante, esta afirmación requiere contexto. El vapor de agua liberado a gran altitud —especialmente en la estratosfera— también actúa como gas de efecto invernadero, contribuyendo al calentamiento en capas atmosféricas sensibles.

Sin embargo, esta acción, representa una diferencia importante frente a los cohetes de queroseno de SpaceX o los antiguos cohetes Soyuz soviéticos, cuya combustión libera hollín negro (carbono negro) directamente en la atmósfera. Este contaminante puede permanecer entre 3 y 5 años en capas altas de la atmósfera, contribuyendo al calentamiento global.

Los lanzamientos espaciales hacia la Luna impactan el medio ambiente principalmente mediante:

  • Emisión de gases de efecto invernadero
  • Liberación de carbono negro en la estratosfera
  • Generación de basura espacial en órbita terrestre
  • Acumulación de residuos en la superficie lunar (equipos y materiales de misiones anteriores)

Aunque el número de lanzamientos aún es bajo comparado con otras industrias, el crecimiento acelerado del sector espacial —impulsado por actores públicos y privados— plantea una preocupación creciente en la comunidad científica. El punto crítico no es detener la exploración, sino entenderla en su totalidad:
cada avance tecnológico tiene un costo ambiental que debe ser medido, comunicado y gestionado con transparencia.

Fuente: BBC Londres, NASA