Los almacenamientos naturales de carbono ya no son tan seguros como creíamos
Durante años, los almacenamientos naturales de carbono terrestres—bosques, suelos y otros ecosistemas capaces de absorber más CO₂ del que emiten— han sido uno de los pilares silenciosos de las proyecciones climáticas globales. En buena medida, confiamos en ellos para “ganar tiempo” frente al calentamiento global. El problema es que esa confianza empieza a resquebrajarse.
Investigaciones recientes muestran que muchos de estos ecosistemas, lejos de ser estables, son altamente vulnerables al cambio climático acelerado. Los casos de los bosques boreales y tropicales, en regiones como Canadá, Siberia y la Amazonía, son especialmente reveladores. Zonas que durante décadas funcionaron como sumideros robustos hoy muestran señales claras de saturación e incluso de reversión.
El aumento de los incendios forestales, las infestaciones de insectos y el deshielo del permafrost están liberando enormes cantidades de carbono que permanecieron almacenadas durante siglos. En 2021, por ejemplo, partes de la Amazonía brasileña y de la taiga siberiana emitieron más CO₂ del que lograron absorber, convirtiéndose, antes de lo previsto, en fuentes netas de carbono. Algo que los modelos climáticos situaban varias décadas más adelante.
El dato más inquietante suele quedar fuera del debate público: el suelo almacena más del doble de carbono que la vegetación y la atmósfera juntas, y ese carbono es extremadamente sensible al aumento de la temperatura. Cuando se calienta, se libera. Y cuando se libera, el efecto se retroalimenta.
Este escenario obliga a revisar supuestos clave. Si los sumideros naturales son menos confiables de lo que creíamos, entonces las estrategias basadas en compensaciones de carbono (carbon offsets) corren el riesgo de estar sobrevaloradas. Compensar emisiones contando con ecosistemas que podrían dejar de absorber carbono —o empezar a emitirlo— es, como mínimo, una apuesta riesgosa.
El mensaje es incómodo, pero necesario: la naturaleza sigue siendo una aliada fundamental frente al cambio climático, pero no es una póliza de seguro ilimitada. Confiar en que los sumideros naturales absorberán nuestras emisiones sin considerar su fragilidad puede llevar a decisiones equivocadas. Y, en el contexto actual, el margen para errores de cálculo es cada vez menor.
Fuente: Informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC)
